Mi nombre es Patricia y, además de empresaria, soy mamá de dos niños que nacieron en Guatemala durante los años que estuve viviendo allí.

Toda esta aventura comenzó hace más de seis años, cuando llegué con mi marido dispuesta a conocer un país que emanaba color y tradición. Desconocía su encanto, su sabor, su color, su aroma... Pero, poco a poco, fui descubriendo sus volcanes, sus lagos y sus flores. Fui conociendo su historia y a su gente, y me enamoré de su cultura y sus textiles.

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A medida que viajábamos, observaba nuevas cosas que me fascinaban más que las anteriores. Descubrí que las personas viven en pequeñas comunidades y que la mayor parte de la población es indígena. Desarrollan su vida diaria en áreas rurales muy apartadas de la ciudad, y apenas tienen ingresos para sobrevivir. Son las propias mujeres las que tejen su vestimenta. Cada una es única y están repletas de colores. Las elaboran en telar de cintura y las llenan de símbolos y figuras mayas que poseen su propio significado. La sensación de vestir cada una de ellas era magia y sentí la necesidad de mostrárselo al resto del mundo.

 

Definitivamente, Guatemala le dio un giro a mi vida. Me mostró una nueva forma de vivir y de ver las cosas. Me transmitió sus valores y me ofreció la oportunidad de crear este proyecto. Conseguí alcanzar mi sueño de poder ayudar a estas comunidades y transmitir mi pasión por su artesanía y sus textiles, permitiéndome poder contar una historia que sabía que debía llevar al resto del mundo.